Blog de airedevinilo

Vivir (por)

Posponer alarma.

Auratus

Escrito por airedevinilo 21-11-2018 en cuento. Comentarios (0)

//Sentado, en un parque enorme, a unas cuadras del colegio. Un banco verde. Verde. Como el río artificial ubicado a unos metros de mí. Me gustaba que fuera de ese color. Amaba la combinación de los peces con ese color verdoso. Yo creía que los patos le daban un toque humorístico a la estética del parque junto a los peces. Creía que era muy interesante que en mi ciudad haya un lugar con patos.//

 Era un día de Septiembre, de temprana Primavera. Ya venían haciendo días de calor y ese era el mood de una Buenos Aires, en plena temporada escolar. Veía los rostros sudados de las personas que corrían, dando vueltas al terreno, con sus atuendos de colores fluorescentes. Tantos revuelos visuales con toda esa gente fluo me dió escalofríos. Me agradecía a mis adentros por haber elegido ir a una escuela que no me obligue a llevar un horrible uniforme. Es decir, odio la Primavera, o a cualquier época del año que brinde calor. Somos horribles cuando sudamos, los humanos. Vaya uno a imaginar lo feo que sería una persona, sudada, con uniforme. No podría soportar ver eso. El Sol estaba en plenas doce del mediodía, me daba su calor, pero no me derretía, como hacía con otras personas del parque. 

 Esperar no estaba en mi lista de espera. No tenía nada que hacer. Cierro los ojos. Fffffflushhhhh. No encuentro onomatopeya para simular un ruido de viento. Pero supongamos que esa describe como el viento acariciaba mi cara. La gente confunde mis poros con pecas. “Se notan porque tomo mucha agua”. Digamos, no encontraba una mejor respuesta.

 De a poco, siento como mi cuerpo va perdiendo su peso y empieza a interactuar con el viento. Al ser un joven adentrado en la adolescencia, mi sub consciente se preguntaba lo primero que se le venía a la puerta de su casa. “¿Qué dirá ese tal Nietzsche?” “¿Qué es el sexo tantrico?”. No era un joven muy intelectual, pero puedo decir con seguridad que mi cabeza generaba muchas preguntas que ninguno o ninguna a una corta edad como la mía se lo preguntaban. Mas tarde, habiendo pasado un par de años, mis preguntas recibieron sus adecuadas respuestas. No me extrañó, ni en lo mas mínimo, que Nietzsche haya sido mas nihilista que el sexo tántrico, pero creo que fue un desempate bastante reñido.

 Andaba medio gris en esos días blancos. Buscaba una terapia. Algo que me desahogue. Por eso acudí al parque después de una larga mañana académica. Mis amigos se extrañaron de mi introspección cuando les dije que no me iba a volver con ellos en el 146 o en el 105, que quería ir a dar una vuelta. “Te acompañamos.”. No les funcionó, aun así quería andar por el parque y sentarme en un banco. Solo. 

El viento seguía entrando por mis grandes poros. Yo planeaba. Intuí a aguzar el oído y escuchar lo que el parque tenia para darme. Escuchaba los juegos, los niños, el sol dándoles en la cara, los glissando que generaban las cadenas de las hamacas, las charlas de los adultos a apenas unos bancos de distancia de mi. Escuchaba también gente dando consejos, consolando o hasta riendo, brutalmente, desprendiendo carcajadas. Era en verdad contagioso ese sonido de risas. Pero ya había tomado una decisión y no me la estaba pasando para nada mal.

Creyendo que el viento iba a ser mi único amigo en esa media tarde de mitad de semana, siento que un pequeño animal, con nariz fría, me huele mi canilla izquierda, descubierta, ya que en días de calor, suelo usar bermudas. Era un Caniche. Los detesto. No detesto a todos los caniches del planeta. Pero siento que conspiran algo, al todos ladrar tanto. Son animales que no pueden callarse y que no saben manejar sus emociones. Son tan humanos.

 Levanto la mirada y me encuentro con una mirada amiga, regañándome porque no escuché sus “¡Ey hola! ¿Qué hacés acá?”. No es que no quise escucharla. Simplemente, quería dos segundos mas de silencio antes de romperlo. Ella cursaba conmigo. En cuanto a amigos y amigas, habían muchas diferencias entre los dos. Con mis notas y las suyas, ocurría lo mismo. A ella le iba excelente, y bueno… a mi me iba.

 Mis amigos se burlaban de ella. Se reían de su manera de hablar, de que era estudiosa y aplicada, de que discutía con profesores. Yo no lo hacía, digamos que mi papel era uno similar al de un extra en una película. Aun así, tenía la mala fama impregnada por mi grupo de grandulones que se reían hasta de un video de un gato tocando el piano.

La realidad es que yo a ella la admiraba. Le iba bien en el colegio, no le hacía el mal a nadie y no se preocupaba por la carga social que impone la mirada de la gente. Ella se vestía como se le daba la gana, y si se le daban las ganas, llegaba al colegio con el pelo teñido del color con el que se había encariñado. 

Ella no tenía algún prejuicio conmigo, ya que sabía que no me empecinaba en molestarla, creo que también por eso, decidió saludarme y sentarse a mi lado en el banco verde. 

Simulo un poco de interés en su mascota preguntándole como se llama y su edad. Hoy escribiendo esto, aseguro que ni recuerdo su nombre. 

 Claramente, decidió preguntarme, porque estaba con los ojos cerrados. Le respondí que así se me hace mas fácil pensar para mis adentros. Al haberle contado eso, ella dice que le vendría bien un poco de “meditación”. Accedí. En un acto de reojo, miro sus muñecas y veo su piel. No logro distinguir sus poros. La interrumpo de su camino al mantra preguntándole: “Che, ¿Para vos yo tengo pecas?”. En vez de darme las respuestas predeterminadas de todos mis cercanos, se toma un momento para observar mi rostro. “Tenés una piel bastante hidratada. De seguro tomás un montón de agua.”. Una parte en mi sonríe, inocentemente. Al obtener la respuesta que quería, no digo mas y vuelvo a la meditación colectiva de cerrar los ojos en el banco del parque. Ella a posteriori, me sigue en el juego. 

Quien no quiso seguir con esa fue el maldito caniche, que estaba mas inquieto que un empresario en la bolsa de Wall Street. 

Me comenta que me vió triste y apagado en estos días. Reclamó que mis chistes o acotes, ya no se escuchaban mas en el aula, o que los llamados de atención de los profesores no iban hacia mi por hacer tonterías. Que esos sonidos, eran una simple reverberancia en la cabeza de muchos. De toda la gente que conozco, no había podido hablar con nadie de lo que me andaba pasando. Y justo ella que ni es mi amiga o una persona cercana a mi, sabe deducir que algo me anda pasando.

Ahi sentí la confianza para decirle:

“Si. Ando medio bajón.”

Vi como sus gestos, articularon una emoción cuando le dije eso. Supe ver como no iba a bajar los brazos por, como sea, ella pudiera levantar mi estado anímico. Era una agradable atmósfera creada por alguien que nunca me había dirigido la palabra, ni yo a ella. Comienza a hacer chistes con todo lo que se le pasa la cabeza, profesores del curso, compañeros, políticos. 

Habiendo reído un rato, decido contarle mi problemática y mi vacío que agujereaba mi pecho en ese entonces. Les dimos de comer a los peces y en medio del banquete le pregunté si no le gustaría ser uno. Ella ríendo me pregunta a mi si me gustaría ser uno. Le digo que sí, que sería hermoso olvidarse de los problemas de un adolescente por unos minutos, y tan solo nadar, aunque sea en un lago artificial. “Si fueses un pez del lago, no tendrías una peripecia”. Lo primero que dije fue que era muy esnob esa respuesta, pero lo que hizo valer mi replica fue ese gran Touché que causo en mi. Es eso lo que busco. Un factor que altere mi viaje.

 Minutos después de esa charla, no se por que, sentí la necesidad de agradecerle la presencia de ella y su blanco perrito, al quien ya le había agarrado un poco de cariño. Sentí que podía hasta llamarla “Amiga”.

 Esa tarde caminamos por las calles del parque, y vimos libros en los stands de este. Agarro uno y se lo muestro “¡Este es el libro que leyó el asesino de Lennon!”, al haber entrado en confianza, sentí que podía hacer esos comentarios que hago con la gente cuando estoy realmente cómodo. Lo mira y pone su mejor cara de asombro. Minutos luego de haber regateado el precio del libro con el vendedor, compramos juntos a El guardián entre el Centeno. Como gesto de cariño, dejó que lo lea yo primero. Nunca se lo devolví. Después de ese año perdimos el contacto.

A los pocos días, de esa tarde, terminé el libro. Descubrí que todos en nuestro vivir adolescente nos sentimos un poco Holden, con sus inquietudes y con su rotunda peripecia por la gran ciudad. Lo loco fue, recordar esa tarde en el parque, donde una amiga, inocentemente, respondió que los peces siempre se quedan en el agua. 

Durante la historia Holden se pregunta a donde van los patos del Central Park en invierno. Un taxista, bastante enojado, le responde que no tiene esa inútil certeza, pero que los peces nunca se van. Los adultos entienden ese libro de otra manera. Yo lo sé. Leí muchos comentarios acerca del libro de  parte de gente mayor a los 30, todos negativos. Yo se que hoy soy un ave que migra en el invierno, lucho todos los días por no ser un pez que nade en el lago del Parque centenario sin un viaje lleno de obstáculos, metas y vivencias.


Wagner

Escrito por airedevinilo 05-03-2018 en Lacan. Comentarios (0)

A qué nivel de inmensidad llega uno con lo mínimo. En el viaje que emprende la yema de mi dedo en su espalda trae consigo un encuentro de infinitas emociones. Ya se vuelve un cliché decir que el infinito está en la palma de nuestra mano. Pero sentir al infinito en una caricia no es una rutina. Por lo menos no lo es para mí. Pero sí que es bello sentirse infinito. Porque lo tomamos como un escape del tiempo que pasa y arrasa ante todo, uno lo que busca es el tiempo cuando llega tarde a todo. Supongo que queremos el momento eterno. Y no hablo de ese infinito que encuentra uno esperando al colectivo. Yo hablo de ese infinito que hay en un momento, que nos hace volar por arriba de las nubes de lo efímero. El presente mas bello es ese que llega para quedarse, por lo menos para quedarse en ese momento. Ese presente que marca constancia. Ese presente que consideres que destaca en tu vivir del ahora y hace sentir tu vuelo eterno.
"Siento que estoy enamorada". Ella dijo "siento". No puedo creer que haya dicho siento. Por mis adentros me decía que no había mejor manera de definirse. Me llamó la atención. Las personas al manifestarse, suelen decir "creo que...". No creo ser el único que se fije en estos detalles que ahora leyendolos acá parecen una molestia, o preguntar qué hago fijandome en eso. La inmensidad se oculta en pequeños gestos, caricias, risas, lágrimas, y miles de cosas pequeñas que son cruciales para que respire el mundo. No hay razón que pueda cuestionar al sentimiento, y que lindo seas real.

Santo

Escrito por airedevinilo 05-03-2018 en Lacan. Comentarios (0)

¿Cuántas veces busqué estar tranquilo en el ojo del huracán? Busque refugio en la tormenta.
Hasta que te encontré. Vos me encontraste. Me salvaste. Con vos siento que amar no es en vano, que no voy a salir lastimado de esta, porque sos la justificación de cada latido de mi corazón. El mundo siempre va a ser la misma basura, pero desde tus brazos si me dan ganas de salir a luchar por nuestros sueños.
Supe en esa noche, luego de un abrazo cálido, que desembocó un gran beso que me hizo renacer, que ninguna más de mis lágrimas iba a caer al piso. Y supe que ninguna de las tuyas tampoco.
Yo te voy a cuidar. No vas a caminar nunca más sola. No importa cuánto llueva, siempre voy a estar ahí con un paraguas. Ayer tus latidos marcaban el compás de los míos. Hacían que me tranquilice, al igual que tus mimos, mientras yo escondía mi llanto en tu pecho. Siempre veo tu mirada, veo una mujer que está convencida de que ningún mal le va a llegar. Me siento seguro con vos. Tus ojos siempre me dicen ese “todo va a estar bien” que alguien siempre necesita sentir. No tengo palabras para agradecerte, por todo ese cariño que me das. Y todas las fichas que pones en mi día a día. En momentos donde ni yo confío en mí, vos estás ahí, haciéndome sentir que puedo hacerlo, que nada puede ser un obstáculo. Y es verdad, estando juntos nada puede pararme ni a mi ni a vos.
No dejemos que se apague este amor. Este amor que me quema por dentro y me hace emocionar y soñar. A veces no me creo que estemos hace cuestión de meses. Yo ya te conocía de mis sueños. De mis canciones soñadas, a las cuales les das vida. Nunca dejes de dormir en mis brazos. Se que por momentos en la mañana, me levanto con poca noción de todo, pero no puedo explicar la felicidad que siento al despertarme con vos. O mejor, que me despiertes con un beso. Nunca me va a parecer motivo para molestarme, me das todo con tu media sonrisa, media carita dormida, pidiéndome besos y abrazos. Yo también tengo una sonrisa a medias y una cara dormida a medias. Sigamos creciendo y soñando juntos. Nunca te va a faltar abrigo en mis brazos.

Tigre

Escrito por airedevinilo 05-03-2018 en Lacan. Comentarios (0)

Que tus ojos me lleven hasta el mar o al silencioso río que desemboca a un arroyo, y este finaliza en un charco. Mi lugar en el mundo va a ser el reflejo de tus ojos color vida. Es cuando descansas en mis brazos que me doy cuenta de porqué le tenes miedo a la tormenta. Ese ruido que marca una fuerte tensión en vos. Los truenos y relámpagos haciendo audible su presencia, eso que nos saca de la tranquilidad. Y escondes tu naricita en mis abrazos. Ahí, es cuando te abrazo más fuerte. Porque yo me doy cuenta que tengo miedo a perderte. Miedo a perder esa risa. Esa mirada a la tarde cuando nos levantamos, cómplices, simulando que es de mañana y no nos pasamos la mañana durmiendo. Miedo a perder esos ojos. Más que miedo yo llamaría vértigo. Miedo es lo que tiene uno cuando no tiene una mano de un ser de luz como lo sos vos en mi vida. Muchas veces dudé de mí mismo, o de mis actos, pero estoy muy seguro que elegirte como mi compañera de vida, sonrisas, llantos y carcajadas no es ni un mínimo acto erróneo. Hay días en los cuales me agradezco a mi mismo por permitirme ser tan feliz a tu lado, de darte todo el amor que está a nombre tuyo, sin importar cuánta tormenta haya. Hay días en los cuales miro el blanco techo de mi habitación y me pongo a pensar en tu nombre. Me repito a mis adentros “Candelaria, Candelaria...”. Puedo afirmar que bajan mi pulso cardiaco y me tranquilizo, hasta me siento feliz haciendo eso. Puede que aveces sea un tonto. Siempre me pido por favor que no lo sea por un día al menos. Pero nunca voy a dejar de verte con estos ojos radiantes por la luz que les brindás siempre.
Hoy a la mañana, vi algo increíble. Un sol naranja, prendido fuego se asomaba por la ventana. Teniéndote al lado, pensé en despertarte, pero en ese momento, mis ganas de notificarte ese sol quemante, se fueron. Te acurrucaste en mi brazo. Sentí muchísimo, tanto que me hizo olvidar porque estaba tan sorprendido. Me estabas buscando -dormida-. Ahí fue cuando no dude en dejar todo y abrazarme con vos. Sintiendo como ese sol naranja se quemaba solo para nosotros dos, testigos. Pero no. Decidí abrazarme con vos mientras el sol era incinerado. Luego de darte muchos besos de la ternura que me diste, me llamaste dulce. Era tanta mi felicidad que saqué las alarmas para dormir un buen rato abrazado a vos y tu gran amor. Capaz te puede enojar que no te haya despertado pero, tuviste que haber visto como dormías. Eras la mujer más hermosa de todas, abrazando a la nada, sintiendo poco a poco la inquietud por no tener a mi cercano brazo, y próximamente buscarlo. Y me encontraste encontraste, te abracé con mucha fuerza y dormimos un ratito más juntos.
Se que la vida está llena de sucesos que nos hacen rabiar, pero yo voy a estar ahí, haciendo que sonrías. Mucho. Gracias, simplemente muchas gracias, por tus gestos de amor, por cuidarme y darme tantas sonrisas, te juro que eso también van a ir para vos. Vayas a donde vayas, siempre voy a estar ahí para abrazarte y posponer un ratito más la alarma, para dormir con vos. Nunca cambies, amor de mi vida.

Las 9

Escrito por airedevinilo 05-03-2018 en Lacan. Comentarios (0)

Son a penas las 9. Me quedan unas horas de sueño adicionales, poco convencionales en el mundo adulto, pero que yo puedo aprovechar. Todavía faltaba una eternidad para que yo cruzara esa puerta y salga al mundillo de avenidas que mi ciudad presta. Me despierto con el brazo dormido. Que paradójico. Un fuerte hormigueo en él, me pide que lo mueva. Pero lo que me despierta, realmente, es el aroma que causamos ella y yo, la noche, ya pasada. Ese aroma es la mezcla de lo que manifestaron nuestros cuerpos. Este nos enciende cuando lo percibimos, nos despierta sentidos, nos mueve. Como me pasa a mi en este momento. Aunque. Necesito sacar el brazo de abajo de su cabeza. Había olvidado ese hormigueo a cambio de sentirme en el edén por minutos de observar como duerme. Trato de no molestarla, que sienta que está en la misma posición sin importar que mi brazo se haya ido. Ahí es cuando veo como, su cuerpo dormido, me busca. Sintió esa pérdida. Se siente perdida. Yo también. Es ahí cuando me encuentro a mi mismo, dándole besos pianissimo. Secos pero suaves. Los besos de anoche nos mojó los cuerpos. Hoy, en este momento, tocan besos secos y suaves. Ella los recibe. Al encontrarme siento también que la encuentro a ella. Oigo que emite pequeños sonidos con su boca, o sus palabras que no llegan a nivel de una debido a lo dormido que tiene el cuerpo. Son solo sonidos. Es ahí cuando siento que rompimos el silencio de nuestro dormir. Si es que puedo llamarlo silencio. Soy una persona que ronca. O al menos eso me dicen. A lo que voy, es que al fin y al cabo era silencio. Ella lo rompió y recuerdo como era vivir a su lado. Como mi corazón late cuando me habla, o como mi cuerpo reacciona. Mis sentidos se van despertando de a poco que ella emite esos sonidos. Es pura ternura. Creo que la palabra ternura últimamente esta degradada y fichada como decadente gracias a la gente y sus dichas. Ella hace que cualquier palabra tenga su real significado. Ella sabe significar en mi vida más que nadie. Es una mujer. Sabe que me baso en escucharla. Nunca vería la agresión -de cualquier tipo- como una forma de solucionar las cosas. Maldigo a cualquier persona agresiva que se haya cruzado. Maldigo a cualquier persona agresiva que cualquiera se haya cruzado. Es la mujer más fuerte que conocí en mi vida. Siento que la gente hoy en día ve a la ternura como algo digno de alguien “inferior”. El mundo ve a la ternura de esa manera, porque encuentra en la ternura, la vulnerabilidad de la persona que se muestra. No es mi caso. Yo no me siento más que nadie. Me digo a mis adentros, que, quizás, entiendo que de eso se trata esta obra de amar a otra persona. Que esta no te haga sentir mas persona que cualquiera. Se trata de estar a la misma altura, de vivir en el mismo planeta, pero con un sentimiento indescriptible y mutuo. Ya muchas veces le conté que junto a ella me siento inmortal. Con ella me siento infinito. Somos infinitos. En ese momento, donde el Sol se trepa por los vidrios de la ventana de su habitación, somos infinitos. Me hace sentir mas que vivo. Ahí es cuando mi brazo, de nuevo, debajo de su cabeza, empieza a sentir ese cosquilleo. Pero antes que se me duerma, decido yo volver a dormir abrazado a ella, para que me sienta en todos los contextos. La mañana todavía tenía más horas por darnos. Son a penas las 9.