Blog de airedevinilo

Vivir (por)

Posponer alarma.

Wagner

Escrito por airedevinilo 05-03-2018 en Lacan. Comentarios (0)

A qué nivel de inmensidad llega uno con lo mínimo. En el viaje que emprende la yema de mi dedo en su espalda trae consigo un encuentro de infinitas emociones. Ya se vuelve un cliché decir que el infinito está en la palma de nuestra mano. Pero sentir al infinito en una caricia no es una rutina. Por lo menos no lo es para mí. Pero sí que es bello sentirse infinito. Porque lo tomamos como un escape del tiempo que pasa y arrasa ante todo, uno lo que busca es el tiempo cuando llega tarde a todo. Supongo que queremos el momento eterno. Y no hablo de ese infinito que encuentra uno esperando al colectivo. Yo hablo de ese infinito que hay en un momento, que nos hace volar por arriba de las nubes de lo efímero. El presente mas bello es ese que llega para quedarse, por lo menos para quedarse en ese momento. Ese presente que marca constancia. Ese presente que consideres que destaca en tu vivir del ahora y hace sentir tu vuelo eterno.
"Siento que estoy enamorada". Ella dijo "siento". No puedo creer que haya dicho siento. Por mis adentros me decía que no había mejor manera de definirse. Me llamó la atención. Las personas al manifestarse, suelen decir "creo que...". No creo ser el único que se fije en estos detalles que ahora leyendolos acá parecen una molestia, o preguntar qué hago fijandome en eso. La inmensidad se oculta en pequeños gestos, caricias, risas, lágrimas, y miles de cosas pequeñas que son cruciales para que respire el mundo. No hay razón que pueda cuestionar al sentimiento, y que lindo seas real.

Santo

Escrito por airedevinilo 05-03-2018 en Lacan. Comentarios (0)

¿Cuántas veces busqué estar tranquilo en el ojo del huracán? Busque refugio en la tormenta.
Hasta que te encontré. Vos me encontraste. Me salvaste. Con vos siento que amar no es en vano, que no voy a salir lastimado de esta, porque sos la justificación de cada latido de mi corazón. El mundo siempre va a ser la misma basura, pero desde tus brazos si me dan ganas de salir a luchar por nuestros sueños.
Supe en esa noche, luego de un abrazo cálido, que desembocó un gran beso que me hizo renacer, que ninguna más de mis lágrimas iba a caer al piso. Y supe que ninguna de las tuyas tampoco.
Yo te voy a cuidar. No vas a caminar nunca más sola. No importa cuánto llueva, siempre voy a estar ahí con un paraguas. Ayer tus latidos marcaban el compás de los míos. Hacían que me tranquilice, al igual que tus mimos, mientras yo escondía mi llanto en tu pecho. Siempre veo tu mirada, veo una mujer que está convencida de que ningún mal le va a llegar. Me siento seguro con vos. Tus ojos siempre me dicen ese “todo va a estar bien” que alguien siempre necesita sentir. No tengo palabras para agradecerte, por todo ese cariño que me das. Y todas las fichas que pones en mi día a día. En momentos donde ni yo confío en mí, vos estás ahí, haciéndome sentir que puedo hacerlo, que nada puede ser un obstáculo. Y es verdad, estando juntos nada puede pararme ni a mi ni a vos.
No dejemos que se apague este amor. Este amor que me quema por dentro y me hace emocionar y soñar. A veces no me creo que estemos hace cuestión de meses. Yo ya te conocía de mis sueños. De mis canciones soñadas, a las cuales les das vida. Nunca dejes de dormir en mis brazos. Se que por momentos en la mañana, me levanto con poca noción de todo, pero no puedo explicar la felicidad que siento al despertarme con vos. O mejor, que me despiertes con un beso. Nunca me va a parecer motivo para molestarme, me das todo con tu media sonrisa, media carita dormida, pidiéndome besos y abrazos. Yo también tengo una sonrisa a medias y una cara dormida a medias. Sigamos creciendo y soñando juntos. Nunca te va a faltar abrigo en mis brazos.

Tigre

Escrito por airedevinilo 05-03-2018 en Lacan. Comentarios (0)

Que tus ojos me lleven hasta el mar o al silencioso río que desemboca a un arroyo, y este finaliza en un charco. Mi lugar en el mundo va a ser el reflejo de tus ojos color vida. Es cuando descansas en mis brazos que me doy cuenta de porqué le tenes miedo a la tormenta. Ese ruido que marca una fuerte tensión en vos. Los truenos y relámpagos haciendo audible su presencia, eso que nos saca de la tranquilidad. Y escondes tu naricita en mis abrazos. Ahí, es cuando te abrazo más fuerte. Porque yo me doy cuenta que tengo miedo a perderte. Miedo a perder esa risa. Esa mirada a la tarde cuando nos levantamos, cómplices, simulando que es de mañana y no nos pasamos la mañana durmiendo. Miedo a perder esos ojos. Más que miedo yo llamaría vértigo. Miedo es lo que tiene uno cuando no tiene una mano de un ser de luz como lo sos vos en mi vida. Muchas veces dudé de mí mismo, o de mis actos, pero estoy muy seguro que elegirte como mi compañera de vida, sonrisas, llantos y carcajadas no es ni un mínimo acto erróneo. Hay días en los cuales me agradezco a mi mismo por permitirme ser tan feliz a tu lado, de darte todo el amor que está a nombre tuyo, sin importar cuánta tormenta haya. Hay días en los cuales miro el blanco techo de mi habitación y me pongo a pensar en tu nombre. Me repito a mis adentros “Candelaria, Candelaria...”. Puedo afirmar que bajan mi pulso cardiaco y me tranquilizo, hasta me siento feliz haciendo eso. Puede que aveces sea un tonto. Siempre me pido por favor que no lo sea por un día al menos. Pero nunca voy a dejar de verte con estos ojos radiantes por la luz que les brindás siempre.
Hoy a la mañana, vi algo increíble. Un sol naranja, prendido fuego se asomaba por la ventana. Teniéndote al lado, pensé en despertarte, pero en ese momento, mis ganas de notificarte ese sol quemante, se fueron. Te acurrucaste en mi brazo. Sentí muchísimo, tanto que me hizo olvidar porque estaba tan sorprendido. Me estabas buscando -dormida-. Ahí fue cuando no dude en dejar todo y abrazarme con vos. Sintiendo como ese sol naranja se quemaba solo para nosotros dos, testigos. Pero no. Decidí abrazarme con vos mientras el sol era incinerado. Luego de darte muchos besos de la ternura que me diste, me llamaste dulce. Era tanta mi felicidad que saqué las alarmas para dormir un buen rato abrazado a vos y tu gran amor. Capaz te puede enojar que no te haya despertado pero, tuviste que haber visto como dormías. Eras la mujer más hermosa de todas, abrazando a la nada, sintiendo poco a poco la inquietud por no tener a mi cercano brazo, y próximamente buscarlo. Y me encontraste encontraste, te abracé con mucha fuerza y dormimos un ratito más juntos.
Se que la vida está llena de sucesos que nos hacen rabiar, pero yo voy a estar ahí, haciendo que sonrías. Mucho. Gracias, simplemente muchas gracias, por tus gestos de amor, por cuidarme y darme tantas sonrisas, te juro que eso también van a ir para vos. Vayas a donde vayas, siempre voy a estar ahí para abrazarte y posponer un ratito más la alarma, para dormir con vos. Nunca cambies, amor de mi vida.

Las 9

Escrito por airedevinilo 05-03-2018 en Lacan. Comentarios (0)

Son a penas las 9. Me quedan unas horas de sueño adicionales, poco convencionales en el mundo adulto, pero que yo puedo aprovechar. Todavía faltaba una eternidad para que yo cruzara esa puerta y salga al mundillo de avenidas que mi ciudad presta. Me despierto con el brazo dormido. Que paradójico. Un fuerte hormigueo en él, me pide que lo mueva. Pero lo que me despierta, realmente, es el aroma que causamos ella y yo, la noche, ya pasada. Ese aroma es la mezcla de lo que manifestaron nuestros cuerpos. Este nos enciende cuando lo percibimos, nos despierta sentidos, nos mueve. Como me pasa a mi en este momento. Aunque. Necesito sacar el brazo de abajo de su cabeza. Había olvidado ese hormigueo a cambio de sentirme en el edén por minutos de observar como duerme. Trato de no molestarla, que sienta que está en la misma posición sin importar que mi brazo se haya ido. Ahí es cuando veo como, su cuerpo dormido, me busca. Sintió esa pérdida. Se siente perdida. Yo también. Es ahí cuando me encuentro a mi mismo, dándole besos pianissimo. Secos pero suaves. Los besos de anoche nos mojó los cuerpos. Hoy, en este momento, tocan besos secos y suaves. Ella los recibe. Al encontrarme siento también que la encuentro a ella. Oigo que emite pequeños sonidos con su boca, o sus palabras que no llegan a nivel de una debido a lo dormido que tiene el cuerpo. Son solo sonidos. Es ahí cuando siento que rompimos el silencio de nuestro dormir. Si es que puedo llamarlo silencio. Soy una persona que ronca. O al menos eso me dicen. A lo que voy, es que al fin y al cabo era silencio. Ella lo rompió y recuerdo como era vivir a su lado. Como mi corazón late cuando me habla, o como mi cuerpo reacciona. Mis sentidos se van despertando de a poco que ella emite esos sonidos. Es pura ternura. Creo que la palabra ternura últimamente esta degradada y fichada como decadente gracias a la gente y sus dichas. Ella hace que cualquier palabra tenga su real significado. Ella sabe significar en mi vida más que nadie. Es una mujer. Sabe que me baso en escucharla. Nunca vería la agresión -de cualquier tipo- como una forma de solucionar las cosas. Maldigo a cualquier persona agresiva que se haya cruzado. Maldigo a cualquier persona agresiva que cualquiera se haya cruzado. Es la mujer más fuerte que conocí en mi vida. Siento que la gente hoy en día ve a la ternura como algo digno de alguien “inferior”. El mundo ve a la ternura de esa manera, porque encuentra en la ternura, la vulnerabilidad de la persona que se muestra. No es mi caso. Yo no me siento más que nadie. Me digo a mis adentros, que, quizás, entiendo que de eso se trata esta obra de amar a otra persona. Que esta no te haga sentir mas persona que cualquiera. Se trata de estar a la misma altura, de vivir en el mismo planeta, pero con un sentimiento indescriptible y mutuo. Ya muchas veces le conté que junto a ella me siento inmortal. Con ella me siento infinito. Somos infinitos. En ese momento, donde el Sol se trepa por los vidrios de la ventana de su habitación, somos infinitos. Me hace sentir mas que vivo. Ahí es cuando mi brazo, de nuevo, debajo de su cabeza, empieza a sentir ese cosquilleo. Pero antes que se me duerma, decido yo volver a dormir abrazado a ella, para que me sienta en todos los contextos. La mañana todavía tenía más horas por darnos. Son a penas las 9.